La fatiga comienza a pesar en este Tour de Francia; más después de dos etapas tan sumamente duras como las vividas en Corrèze y Cantal, tan exigentes para las piernas y tan devastadoras para la moral de quienes no llegaron a ver la punta del lápiz. En ese contexto, afrontar dos jornadas planas es un auténtico oasis para quienes enfocan sus energías en la alta montaña… y también para los que desean burlar el pelotón abusando de los vatios de su motor, que ojearán el perfil de los 161,3 kilómetros entre Vichy y Nevers y se dirán: “Con tanto cansancio acumulado, una escapada poderosa puede triunfar. Never Say Nevers”.
Never Say Never, como el nombre de la agencia de marketing deportivo cuyas siglas constituyen el nombre del equipo de Biniam Girmay (NSN). El eritreo parece estar yendo a más con el paso de los días: su poderío físico le permite superar las subidas con cierta suficiencia y recuperar bien de los esfuerzos. Lo contrario le ocurre a Tim Merlier (Soudal Quick-Step), sufridor en las cuestas, que no obstante posee una velocidad terminal que le facultó para ganar en Burdeos y Bergerac y le convierte automáticamente en favorito a la victoria en Nevers. Con ellos se medirán los sospechosos habituales: el rápido Olav Kooij (Decathlon CMA CGM), el sólido Max Kanter (XDS Astana), el sediento Jasper Philipsen (Alpecin-Premier Tech); y, “limitando daños”, un Mads Pedersen (Lidl-Trek) que pase lo que pase estará ahí. ¿Y la fuga? Digamos que las tres metas previas del Tour de Francia en Nevers se saldaron con llegadas masivas pero… Never Say Nevers.

