Teníamos ante nosotros una etapa muy larga y no esperábamos que los demás equipos del pelotón nos ayudaran demasiado a controlarla. Por eso tratamos de que yo me filtrara en la fuga, aunque llevábamos en mente una más grande que la que finalmente se hizo. Otros muchos equipos también querían estar en la escapada, y eso provocó que la batalla fuera larga y exigente. Por desgracia, al final nos marchamos sólo tres ciclistas. Había gastado tantas balas que no merecía la pena regresar al pelotón; no hubiera podido recuperar fuerzas y después imponerme al sprint. Decidí honrar el maillot amarillo y darlo todo en la fuga. ¡Espero que los aficionados lo hayan disfrutado!
El maillot amarillo es el más bonito que existe, y me hubiera encantado conservarlo, pero el maillot verde también está muy bien. Lo disfrutaré seguro. De aquí en adelante, mi papel será un poco diferente. Mañana ayudaré a mis compañeros antes de la subida final y, una vez la empecemos, iré tranquilo para guardar tantas fuerzas como sea posible.

