No pensaba meterme en la escapada. Después de todo, tengo siete compañeros muy fuertes y creía que podríamos luchar por la victoria de etapa, por lo que tenía más sentido quedarse en el pelotón y no malgastar energía.
La fuga era buena porque no éramos ni mucho menos dos ciclistas, sino siete. La lástima fue que el ataque de Sylvain Chavanel mató las opciones de que la escapada llegara viva a meta. Por eso decidí centrarme en la lucha por el maillot de la Montaña.
Cuando Chavanel se fue, Calmejane dejó de pasar al relevo. Me frustré un poco después de llevarle 30 kilómetros a rueda. Por eso ataqué para cazar a Chavanel apenas vi la oportunidad. Una vez estábamos todos en cabeza, propuse colaborar y tampoco quisieron porque decían que yo iba demasiado fuerte. Eso me pareció inapropiado.
Procuraré mantener el maillot de la Montaña, pero hay que ser realistas: apenas tengo puntos ni opciones de ganarlo.
La mayor diferencia entre el Tour de Francia y cualquier otra carrera es la presencia de los medios de comunicación y, por supuesto, el público. No hay 500 metros seguidos sin un espectador en la cuneta.

