Para celebrar los 100 años del Maillot Jaune, el líder de la clasificación general recibirá cada día un ejemplar único.

© PAULINE BALLET

El Maillot Jaune apareció por primera vez en el pelotón del Tour de France el 19 de julio de 1919 sobre el torso de Eugène Christophe, líder de la general hasta un día antes de la meta final.

Desde entonces, se ha consolidado como un trofeo especial en el mundo del deporte. Quienes tengan el privilegio de vestirlo cien años más tarde recibirán también el honor de enfundarse ejemplares únicos en los que los motivos visuales harán referencia al recorrido de la etapa siguiente. Cabe pensar que será un velocista el primero en sacar pecho durante la tarde del próximo 6 de julio con un Maillot Jaune en el que se mostrará el Atomium, uno de los símbolos de la ciudad de Bruselas. Días después, cuando la clasificación provisional esté más definida y el pelotón se dirija hacia los Alpes, el Maillot Jaune estará dedicado al Pont du Gard. Y por supuesto, el más codiciado se entregará en Val Thorens en la penúltima etapa, con el fin de que el probable vencedor de la 106.a edición haga su aparición en los Campos Elíseos vistiendo una camisola en la que destacará el Arco del Triunfo como un claro mensaje de victoria.

Entre los maillots singulares producidos por Le Coq Sportif, cada tarde se personalizará un único ejemplar con el nombre del corredor y la denominación de la etapa en la que tendrá que llevarlo. Por su parte, la versión «réplica» disponible en los comercios se centrará en tres motivos: el Atomium, un paisaje de montaña y el Arco del Triunfo.

Para esta edición de 2019, los Maillots Amarillos que se enfunden los ganadores se fabricarán en Francia, en la fábrica de Le Coq Sportif en Romilly-sur-Seine. El buen hacer de la marca y de sus artesanos acompañarán en todas las etapas al líder del Tour de France.

Un himno a la excelencia

Son los mejores. Ese es el mensaje que reciben los espectadores cuando esperan, observan y animan a los héroes que logran enfundarse el Maillot Jaune. Para muchos, ese «toisón de oro» va unido inexorablemente al nombre de los grandes campeones del ciclismo.

Eddy Merckx encabeza la lista tras pasar 96 días enfundado en su tonalidad de amarillo favorita (111 veces si incluimos las semietapas), acompañado de los tres pentacampeones del Tour, cada uno representando épocas y estilos diferentes: Jacques Anquetil como pionero del ciclismo moderno a finales de los años 60, Bernard Hinault veinte años después como último abanderado del «canibalismo» y el ataque total y, por último, el prodigioso Miguel Induráin al comienzo de los años 90 elevaron a la categoría de arte la posesión del Maillot Jaune.

Su dominio sobre sus rivales y su técnica cercana a la perfección los convirtieron en símbolos de excelencia, admirados y apreciados como héroes más allá del mundo del ciclismo, e incluso del deporte.

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