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Un cóctel de experiencia y juventud. Un líder inédito pero ambicioso. El equipe Caisse d’Epargne aspira a todo detrás de Luis León Sánchez.
Yvon Ledanois es un director deportivo con lucidez y pragmatismo: “Habíamos montado el equipo en torno a Valverde. Hemos tenido que reconstruir todo: el espíritu, la estrategia”. Pero los problemas han acabado siendo un factor positivo, ya que se trata ahora de “un equipo muy homogéneo” que, según él, se presenta en a la salida, en Rotterdam. “Todos nuestros corredores tienen argumentos y el equipo aprovecha la experiencia de la estructura desde 1983. Nuestro equipo sabe del Tour y eso no tiene precio” , sigue explicando el francés. El año pasado, Luis León Sánchez se había improvisado líder. Esta vez, el de Murcia, está instalado en primera fila: “Tiene todo para asumir este papel. Es un corredor con futuro, un ganador del Tour de aquí a unos años. Solo le hace falta tener más confianza”. El interesado prefiere pensar en las oportunidades que pueden presentarse: “Ya miraremos día tras día lo que pasa”, afirma Luis León quien no duda, por otro lado, en posicionarse: “Quiero pasar a otro nivel. Sé que puedo realizar grandes cosas”. Con dos etapas ganadas esos dos últimos años (en 2008, en Aurillac, y en 2009, en Saint Girons) y una victoria en París-Niza (2009), L.L.S. puede efectivamente pensar en jugar un papel importante en la clasificación general. Es, finalmente, Yvon Ledanois quien se encarga de anunciar los objetivos del equipo en este Tour: “Tenemos verdaderas ambiciones. Tenemos corredores jóvenes y otros experimentados, como Moreau o Gutiérrez. Queremos llevarnos una etapa y estar presentes en el Top 10 de la general”. 62do en 2008, 26to el año pasado: la hora del gran desafío ha llegado para Luis León Sánchez.
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El Tour 2010 es la tercera edición para el equipo estadounidense Garmin-Transitions. En sus dos primeras participaciones, la formación dirigida por Jonathan Vaughters logró un 4º puesto en la clasificación general (Vande Velde en 2008, Wiggins en 2009). Aunque tiene motivos de sobra para estar satisfecho, Vaughters confiesa que aspira a ir más lejos este año.
“Ganar una etapa es un objetivo importante para nosotros”, comenta. “Hemos estado muy cerca de conseguirlo en varias ocasiones y los dos nuevos corredores en el equipo pueden marcar la diferencia.” Aunque Wiggins ha dejado el equipo y Vande Velde se acaba de recuperar de una lesión, cuentan con una baza importante para los sprints en la figura de Tyler Farrar. “Ahora probablemente es más rápido que en el Giro, pero también es verdad que hay más competencia. Ha ganado dos etapas en Italia, pero Cavendish no estaba. En cualquier caso, con Johan Vansummeren y Robbie Hunter hemos mejorado nuestro tren, lo que supone un punto a nuestro favor”.
Aparte de las victorias de etapa como objetivo de salida, el grupo Garmin-Transitions desea igualmente acompañar a su líder hasta París para optar por un buen puesto en la clasificación general. “Estoy bastante satisfecho con mi recuperación”, explica Christian Vande Velde, que se rompió dos costillas en dos caídas diferentes durante la Vuelta a Suiza. “No es la mejor forma de preparar el Tour, pero tampoco es el fin del mundo. Hay que volver a montar en la bicicleta y, aunque sea un poco incómodo, no han cambiado demasiado mis objetivos. Creo que estoy listo.”
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El equipo vasco apunta al podio y a una victoria de etapa para coronar su décima participación consecutiva en el Tour. Un aniversario para el cual los corredores de camiseta naranja ya tienen cita con Los Pirineos.
“El Tour nos dio todo”. Miguel Madariaga, presidente del equipo y de la fundación Euskaltel-Euskadi, subraya lo importante que es la “Grande Boucle”, para valorar sus colores. El equipo vasco lleva ya un decenio escribiendo su historia en las carreteras del Tour. Siempre bien ubicado pero muy pocas veces ganador, el grupo vasco había empezado dando un golpe fuerte durante su primera aparición en el Tour con la victoria de Roberto Laiseka, en la decimocuarta etapa del Tour 2001. Una victoria conseguida en Luz-Ardiden, en medio de una marea naranja de seguidores, y confirmada en 2003, por la de Iban Mayo, en la octava etapa, la del Alpes-d’Huez. Después, las victorias empezaron a escapársele al equipo vasco , por muy poco, pero con cierta constancia. Cuatro segundos puestos (Landaluz en la 7ma etapa del 2007; Martínez en la 15ta y S. Sánchez, en la 17 del 2007; Txurruka en la 13ra del 2009), han alimentado la frustración de un conjunto que, en todo caso, nunca se da por vencido. En el marco del aniversario No. 100 del pasaje del Tour en Los Pirineos, los integrantes del equipo quieren responder a las esperanzas de su afición. “Hemos creado un nuevo himno del equipo y ya nos han pedido 30.000 camisetas naranja” , explica Madariaga, para quien las ambiciones de la casa son claras: “Un podio estaría bien. O un puesto que no esté muy lejos. Así como una victoria de etapa. Pero tampoco abandonamos las posibilidades de pelear por las clasificaciones del mejor escalador y del mejor equipo”.
Los diez años de Euskaltel-Euskadi representan también un gran giro para el conjunto. “La crisis ha fragilizado el sponsoring del equipo y tenemos que encontrar 1 millón de euros para mantener nuestro nivel para las dos próximas temporadas” , explica Madariaga, quien sabe que el campeón olímpico en carreteras, Samuel Sánchez, tiene muy buenas ofertas de otros equipos. Si el equipo no logra retener a su líder, puede en todo caso contemplar el futuro apoyándose en una muy solida estructura: 1 equipo Continental, 1 equipo Amateur, 1 equipo de BTT, y una fundación que, desde 1998, ha formado 3.800 jóvenes al ciclismo en carreteras. La marea naranja no va dejar de cantar en Los Pirineos.
Se abre de par en par el buzón de sugerencias para reducir el impacto medioambiental de la carrera. El objetivo es que los equipos del Tour actúen con corrección, pero se pretende que lo hagan en todos los frentes: la clasificación de residuos, el ahorro de papel, combustible, envases, etc. ¡Sin olvidar que está prohibido el lanzamiento de bidones!
Producto del ingenio de un siglo remoto, la bicicleta gana enteros de modernidad en un contexto general de preocupación medioambiental. El medio de transporte más limpio jamás concebido se convierte en el protagonista absoluto durante las tres semanas del Tour de Francia. Ahora bien, el acontecimiento en su conjunto se plantea estar a la altura de los ideales que representa la bicicleta. El Tour, comprometido con un enfoque responsable, se ha decidido a “tomar cartas en sus propios asuntos” para seguir reduciendo su impacto medioambiental.
Desde el punto de vista histórico, la causa de la reacción de los organizadores fue la conciencia de los riesgos medioambientales vinculados a la presencia de público. A principios de la década de 2000, el Tour comenzó a abordar la cuestión del tratamiento de los residuos generados por los espectadores. Echando la vista atrás, puede considerarse como hecho fundador el contacto con ARPE (siglas de la Agencia Regional de Medio Ambiente de la región francesa de Midi Pyrénées), que a su vez ayudó a todos los colaboradores a tomar las mejores decisiones posibles. Muy pronto, esta implicación de la zona pirenaica del recorrido tuvo como resultado un interés creciente por los envases ecológicos. En el marco de un acuerdo de colaboración, efectivo desde 2007, se puso en marcha un importante dispositivo de clasificación y recogida de residuos en las ciudades etapa. Este año, se complementará mediante el acuerdo con otra empresa especializada en el reciclaje y tratamiento de residuos, que intervendrá durante el recorrido de varias etapas.
Un amplio abanico de posibilidades
Al mismo tiempo, el replanteamiento a todos los niveles de la forma de actuar ha llevado a que varios equipos del Tour reduzcan el número y cantidad de los documentos publicados en papel. De esta manera, tras digitalizar las guías turísticas e históricas, por ejemplo, el volumen de consumo de papel ha descendido un 20 %. Asimismo, para el resto de documentos se ha decidido que la calidad del papel utilizado debe cumplir con los requisitos de la certificación Imprim’vert.
El siguiente paso necesario era ahondar en el proceso de reflexión sobre los métodos de trabajo. A la hora de preparar la edición de 2010, se ha explorado un amplio abanico de posibilidades para atajar, por ejemplo, el consumo de carburante, tanto en carrera como al margen del Tour. Se ha consolidado la idea de utilizar más el tren de alta velocidad que el avión para los programas “invitados”; se ha brindado formación a un centenar de conductores de la comitiva de carrera sobre conducción ecorresponsable; el replanteamiento de las necesidades de los equipos de la organización se ha saldado con una reducción del 5 % en el número de vehículos; la búsqueda sistemática de soluciones alternativas de transporte para los espectadores —entre otras, los coches compartidos— también ha dado sus frutos (sistema de lanzaderas en Arenberg y Spa, telecabinas en Ax 3 Domaines, telesillas en el Tourmalet, etc.),… Para otros aspectos, se cuenta con ideas que se implantarán con rapidez: es el caso de la norma de 160 g de CO2 por kilómetro autoimpuesta por el Tour y que ya recomienda a todos los vehículos acreditados, o la aplicación de una normativa más estricta para el embalaje de los productos distribuidos por la caravana publicitaria.
Lanzamiento de bidones: un gesto de consecuencias funestas
Los diferentes colaboradores mantienen conversaciones frecuentes sobre estas cuestiones, lo que no hace sino confirmar la existencia de una verdadera comunidad de valores en el mundo del Tour. El transportista oficial Norbert Dentressangle, implicado de forma directa, presume de la flota más moderna y austera de toda Europa: todos los camiones que prestan servicios de transporte para el Tour de Francia cumplen con la norma Euro V, es decir, la más exigente sobre emisiones de gases de efecto invernadero. Por su parte, Kleber, que estima en 1,2 millones de toneladas la reducción de emisiones de CO2 posible mediante el mantenimiento adecuado del nivel de presión de los neumáticos en el parque automovilístico francés, abre a diario un taller de inflado en el aparcamiento de la caravana publicitaria.
Por último, si el Tour, la carrera más importante del mundo, pretende emprender acciones concretas, lo cierto es que también debería tomar postura frente a los gestos simbólicos. La imagen del ciclista como vehículo de valores estéticos, de fortaleza mental y psíquica, de generosidad, en suma, queda empañada de inmediato cuando, por negligencia o por desidia, el campeón en cuestión arroja a la naturaleza un bidón de plástico que, o bien podía haberse guardado, o bien podía haber entregado al coche de equipo. Las consecuencias de este gesto son así de funestas. Ahora, el Tour de Francia condena dicho comportamiento: tanto el reglamento deportivo como el acuerdo alcanzado entre la ASO y los equipos incluyen medidas en este sentido. Además, el Tour estudia con la UCI todas las soluciones para evitarlo y establecer sanciones. Porque no hay nadie, dentro o fuera del pelotón, que deba permanecer impasible frente a las agresiones a la naturaleza.
Thor Hushovd, camiseta verde en 2009, prefiere no dedicar tiempo a reconocer el terreno© Presse Sports
Alberto Contador se ha llevado consigo a sus escoltas para subir el Tourmalet© Presse Sports
Entre finales de abril y principios de julio muchos corredores del Tour de Francia efectúan distintos recorridos de reconocimiento un poco más estratégicos. Para algunos de ellos es como el Renacimiento… todo un arte.
Ivan Basso sólo se ha tomado un día de descanso entre su victoria en el Giro, el 30 de mayo, y la salida del Tour de Francia en Rotterdam, el 3 de julio. “Aunque hay una vocecita que me dice que tendría que saborear aún más mi victoria en el Giro y no correr el Tour, no puedo sacármelo de la cabeza”. Esta es la respuesta que dió al antiguo campeón Felice Gimondi, que le aconsejaba públicamente no correr en julio. “Para volver a ser un corredor tengo que volver al Tour, y dar al Tour lo que me ha dado, es decir todo porque es la carrera que ha hecho de mí un campeón”, insiste.
Lunes 7 de junio, a mediodía, después de haber regalado dos de sus camisetas rosas a sendos ministros de su país, un coche le esperaba en Milán para pasar un día y medio de trabajo en los Alpes, acompañado por su compañero de equipo Roma Kreuziger, su director deportivo Alberto Volpi y su masajista. “Conozco el lugar, dijo sobre su ascenso de Morzine/Avoriaz y las subidas a los puertos de la etapa siguiente (Colombière, Aravis, Les Saisies y la Madeleine), pero tenía que hacer este ejercicio mental para respirar el aire del Tour de France”.
De hecho, desde hace cuatro años, Basso sólo ha corrido en suelo francés la mitad de la Dauphiné el año pasado. Para Lance Armstrong, que estuvo a finales de junio en las etapas alpestres y pirenaicas del Tour 2010, después de conseguir un segundo puesto en la Vuelta a Suiza, es también una manera de “volver a pasar por esos lugares familiares”.
Armstrong no es el inventor de los reconocimientos antes del Tour, pero los ha popularizado gracias a sus subidas sucesivas al Alpe d’Huez, entre otras. Alberto Contador también ha adoptado el método. Allí donde Basso sólo va con el segundo líder de su equipo Liquigas, el último vencedor del Tour vino con sus gregarios españoles (Noval, Navarro, Hernández…) y su compañero italiano (Tiralongo) durante su estancia en los Pirineos a finales de mayo. Además de trabajar las piernas y la pedalada especial que exige la montaña, disfrutaron de las ventajas de la altitud, de la intensidad del entrenamiento en estos recónditos parajes, apreciaron las dificultades de cada puerto y memorizaron los riesgos de cada bajada, “lo que quizá sea mucho más importantes que conocer las subidas”, precisó el español, para quien reconocer las etapas claves es también un trabajo colectivo.
Ahora bien, su lugarteniente Alexandre Vinokourov no vino, con la excusa, bien aceptable, de que estaba haciendo el Giro. Una carrera en la que había puesto más o menos esperanzas, pero a la que el kazaco tampoco dedicó tiempo alguno a reconocer el terreno. “No es lo suyo”, dijo el director de Astana Yvon Sanquer. “Para mí lo que cuenta son las piernas y el estado de forma en el que me encuentro en el momento mismo”, declaró Vinokourov, quien no supo hacer frente a los elevados desniveles de los puertos italianos, sintiendo en su propia carne en vivo y en directo que eran demasiado empinados para él.
A veces los equipos prefieren reconocer las etapas con dificultades intermedias, como la de los Vosgos, campo de entrenamiento de la Française des Jeux el año pasado. Este año, y hasta el último minuto antes de dirigirse a Rótterdam para la Gran Salida, los protagonistas del Tour recorrieron el final de la tercera etapa y sus 13,2 kilómetros de adoquines. Contador contó con la ayuda de un antiguo ganador de Paris-Roubaix, Peter van Petegem, quien le enseñó a correr por estos senderos, el 27 de abril, al día siguiente del Lieja-Bastogne-Lieja. "Me ha dado consejos sobre el material que hay que utilizar y he aprendido muchas cosas durante estos dos días” señaló el español, quitando dramatismo a esta etapa a la que tantos corredores tienen miedo. Y es que a veces, el miedo incita a la prudencia.
Los que no se dedican a estas cosas son los sprinters. En efecto, para ellos, sobre todo en el equipo Sky, se trabajan más bien el análisis de los adversarios y los finales de etapa con vídeos. Y como ocurre con los deportes colectivos, se buscan las tácticas y la colocación, con lo que el reconocimiento del terreno no forma parte de su programa antes del Tour. “Demasiadas rotondas, aceras y espacios pueden cambiar desde el momento en el que estudiamos el recorrido y el día de la etapa", explica Thor Hushovd, que ha ganado la camiseta verde dos veces en el Tour de Francia. El evento, por su grandeza, impone la reorganización del espacio urbano. El estudio previo de las trayectorias es lo que se hace para preparar una contrarreloj. Por lo demás, como dice Basso, el reconocimiento del terreno es sobre todo "un ejercicio mental".
Robbie McEwen, Montargis, 2005© Presse Sports
Ausente en el último Tour de Francia por estar lesionado, Robbie McEwen vuelve al Tour a sus 38 años. El genial sprinter australiano (ha ganado 13 etapas) estará en terreno conocido en el recorrido previsto para 2010. La prueba es que ha ganado en cuatro ciudades en las que este año terminará una etapa.
¿Podemos decir que estás como en tu casa en este Tour?
Si, algo así. Una etapa termina en Bruselas, donde he ganado 4 veces la París-Bruselas. Y después están Reims, Montargis, Pau y París donde ya he ganado algunas etapas del Tour. Esas etapas las conozco como la palma de mi mano. De hecho, he visto algunas imágenes de mis victorias para acordarme todavía mejor de las llegadas. Podría ser una ventaja este año…
¿Hay alguna etapa que te gustaría ganar especialmente?
Tengo en mente la primera etapa desde hace un tiempo, pero todo dependerá del viento que haya en la región de Zelanda (Holanda). Estoy muy motivado para hacer el sprint de la victoria en Bruselas. La llegada está prevista a 60 km de mi casa con lo que mi familia estará allí, y, sin duda, muchos fans. Mis padres vendrán de Australia. La verdad es que está bien ganar en cualquier sitio en el Tour.
¿Cómo te has preparado para este Tour?
He organizado toda la temporada en torno al Tour. Con la lesión del año pasado sabía que necesitaría un año para recuperarme completamente y estar a la altura. Empecé la temporada bastante bien en el Tour Down Under. Después he tenido altibajos pero hoy siento que estoy preparado.
¿Cuáles son tus objetivos en este Tour?
Este será mi 12º Tour de Francia. He terminado diez. Mi objetivo prioritario es ganar una etapa. Quiero mejorar mi palmarés. Al final de la primera semana veré cómo han ido las cosas y si puedo luchar por la camiseta verde. Creo que tengo la fuerza necesaria, sino no hubiera venido. Utilizaré a algunos de mis compañeros, pero contrariamente a equipos como HTC-Columbia, Garmin, Quick Step o Katusha, no tenemos un tren para el sprint. Tenemos más corredores para la montaña o las escapadas.
¿Será tu último Tour?
Creo que haré una temporada más, o sea que espero disputar otro Tour, pero nunca se sabe qué puede pasar y si seré seleccionado.
Jean-Paul Rey, Marc Lebreton© Pierre Dufour
Dos ciclistas han revivido la etapa Luchon Bayona de hace cien años para rendir homenaje a los corredores que, el 21 de julio de 1910, se vieron obligados por los organizadores del Tour de Francia a participar en “la etapa asesina”.
Tras poner punto y final a su manuscrito L’étape assassine, Luchon Bayonne 1910 (‘La etapa asesina’, 207 páginas con numerosas ilustraciones a menudo inéditas, 18 euros, Ed. Cairn), el escritor y periodista Jean Paul Rey, natural de Tarbes, tuvo la idea y el deseo de “revivir lo que experimentaron estos campeones de antaño”. En Marc Lebreton, coleccionista y restaurador de bicicletas antiguas, encontró un oído atento y unas piernas dispuestas a acompañarle en esta odisea.
De esta manera, el sábado 12 de junio de 2010, los dos amigos se echaron a la carretera en Luchon a las 3.30 de la mañana, a la misma hora y desde el mismo sitio. Comenzaron escalando el puerto del Col de Peyresourde envueltos en el manto negro de la noche, sólo traspasado de vez en cuando por el equipo cinematográfico de “Films de la Castagne”, de Tolosa, en pleno rodaje de un documental para conmemorar el centenario del Tour de Francia en los Pirineos. Después, procedieron al descenso sobre sus bicicletas de época, a pesar de la precariedad de los frenos: delante, un solo freno de taco; detrás, frenos de pinza con pastillas de corcho.
Al final de la bajada, Jean Paul Rey se llevó un disgusto al escuchar con claridad cómo se rompía la barra del sillín. Alcanzó Arreau sin sillín y, a continuación, subió y bajó el puerto del Col d’Aspin sin poder descansar las posaderas en ningún momento. Lo más sorprendente fue que la reparación, frente a una muchedumbre curiosa y atónita, tuvo lugar en Sainte Marie de Campan, en el mismo lugar donde, allá por 1913, Eugène Christophe tuvo que lijar una horquilla rota mientras bajaba el Tourmalet.
Por supuesto, el ascenso al Tourmalet fue uno de los momentos destacados de esta aventura. Marc Lebreton, ciclista más ducho en estas lides que Jean Paul Rey, tomó la delantera a toda velocidad con su precioso maillot granate del equipo Automoto, en su bicicleta de la misma marca, de 12,1 kg de peso ¡y un desarrollo único de 478x24! Su compañero se lo tomó con más calma, con el lastre añadido de sus 20 años de más —conviene recordarlo— y los 900 gramos adicionales de su Martel (13 kg en total), con un 44 delante y, detrás, un 24 para los ascensos y un 20 el resto del tiempo tras hacer girar la rueda.
Al salir de Pierrefitte Nestalas, se cruzaron primero con el campeón del mundo Cadel Evans, en labores de reconocimiento del Tourmalet. Más adelante, se toparon con los veteranos campeones Jean Bobet (autor del prólogo de L’étape assasine) y André Darrigade, que habían venido ex profeso para darles ánimos hasta la cima del Col du Soulor. Superar éste último, bajo el incipiente calor del sol y sobre una carretera bien asfaltada, fue pan comido para Marc Lebreton; todo lo contrario para Jean Paul Rey, quien tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para no entregar la cuchara y echar pie a tierra.
Por fin, después de 326 km de ruta, Jean Paul Rey y Marc Lebreton llegaron al puerto de Bayona a las 3.15 del domingo, ¡23 horas y 45 minutos después de haber salido de Luchon! La familia Martel, descendientes del fabricante de bicicletas de Tarbes que, a comienzos del siglo pasado, construyó la máquina sobre la que pedaleaba J. P. Rey, consiguió localizar el lugar exacto de la línea de meta de 1910 y trazó una hermosa línea blanca que los dos compañeros cruzaron juntos, agarrados por los hombros.
Puertos de montaña atravesados por el pelotón del Tour de 1910 durante la etapa Luchon Bayona (326 km)
Col de Peyresourde
Col d’Aspin
Col du Tourmalet
Col du Soulor
Col d’Aubisque
© Brandt
Tienen, ante todo, la pasión por el juego y el sentido del espectáculo.
Los corredores que conquistan al jurado del Premio a la Combatividad Brandt saben asumir riesgos y plantar cara a los desafíos. Esta fiebre es recompensada a diario en el Tour, donde el temperamento impresiona tanto como el talento. Para felicitar y apoyar a los campeones de la combatividad, Brandt ha pedido a un grupo de jóvenes mujeres que les honren con su presencia: en cada etapa, las Misses regionales elegidas por el jurado de Miss Francia se darán cita en el pueblo de salida. Acostumbradas a la competición y a sus exigencias, las Misses se distinguen también por su voluntad y perseverancia. No cabe duda de que tendrán mucho de lo que hablar con los corredores condecorados con el Premio Brandt a la Combatividad.
Convocadas ya el día 6 de julio, desde la mismísima salida del pelotón, las Misses regionales cederán el protagonismo a la Miss nacional el día 14 de julio, día de la fiesta nacional gala. Ese día, en la línea de meta de la etapa Chambéry-Gapa, Malika Ménard, valedora del título de Miss Francia 2010, será la encargada de otorgar el Premio Brandt de la Combatividad en compañía de Laura y Emmanuelle.
Bradley Wiggins apuesta por el Giro por el problema del peso. ¿Ha hecho bien?© Presse Sports
Aspirar a la victoria en el Tour de Francia exige una preparación minuciosa. Hoy en día, un corredor que desee un buen puesto en la general, por no hablar del maillot amarillo, debe organizarse la temporada pensando en el Tour, marcándose objetivos, adaptando su programa y recuperándose para rendir al máximo antes de la gran cita de julio. Ahora bien, ¿qué debe hacer para adaptar su pico de forma a estos objetivos?
Atrás quedan los días de Anquetil, Merckx o —más recientemente— Hinault, corredores cuya misión consistía en brillar en la Clásica de Primavera, en Roubaix o en Lieja antes de escalar los puertos de los Alpes y los Pirineos a la búsqueda del maillot amarillo, y seguir competiendo al máximo nivel hasta el final de la temporada. Aunque hará unos quince años que los aspirantes a la victoria en el Tour pueden permitirse otros objetivos que se adapten mejor a su perfil, como la París Niza o las Clásicas de las Ardenas, lo cierto es que la vuelta francesa constituye su principal ambición y les condiciona el día a día.
Para Philippe Mauduit, director deportivo de Cervélo, “cada uno prepara el Tour a su manera. Sin embargo, hay que saber medir las fuerzas para poder llegar en el mejor estado posible. Una buena condición física es imprescindible para no pasarlo mal. Muchos aspirantes optarán por participar en una gran carrera en junio, antes de tomarse una semana entera de descanso absoluto para recuperarse bien”.
En la Dauphiné Liberé, Alain Gallopin, director deportivo de Radio Shack, restaba cierta importancia a la victoria final de su corredor Janez Brajkovič al considerar que Alberto Contador, antiguo protegido suyo y dos veces ganador del Tour, había marchado sólo al “80 %”. Le bastó y le sobró para acabar segundo en la prueba. “Lo esencial es llegar lo más fresco posible, sobre todo psicológicamente”, opina Mauduit. “Muchas veces, la capacidad física es imprevisible; por eso, lo que cuenta al final es la cabeza. Los límites son más psicológicos que otra cosa”.
“Para mí, la preparación del Tour comienza seis semanas antes del banderazo de salida”, explica Chris Horner (RSH), decimoquinto en el Tour de 2007 y compañero de equipo de Lance Armstrong este año. “Cuando se acerca la carrera, dejas de hacer ciertas cosas. Dejas de salir y ya no pasas mucho tiempo con tus hijos. Haces salidas más largas. Para mí, el programa ideal habría sido hacer un descanso tras las Clásicas de las Ardenas, para llegar fresco a la Dauphiné y recuperar fuerzas después. Por desgracia, me vi obligado a correr el Tour de California”.
Además de la importancia de evitar lesiones y caídas que puedan retrasar la preparación de forma considerable, también se trata de acumular kilómetros para alcanzar el peso de competición. “Bradley Wiggins, cuarto en el Tour de 2009, eligió correr el Giro para, ante todo, perder peso e ir ganando en potencia”, explica Sean Yates, su director deportivo en Sky. “Hoy todo se basa en la relación peso potencia, vatios por kilo. El objetivo es alcanzar ese peso óptimo y saber reducir al mínimo los niveles de ácido láctico”.
Al igual que Wiggins, Cadel Evans también ha optado por el Giro, pero sin forzar mucho la máquina. Sin embargo, después de tres semanas de esfuerzo, es necesario descansar. Según Yates: “No hacer nada durante una semana. Lo mejor es hacer un parón de verdad, sin subirse a la bici, antes de volver al trabajo”. Por cierto, el verdadero trabajo del británico comienza esta semana con el reconocimiento sobre el terreno de los Pirineos.
Otra cuestión es saber si es mejor estar al 100 % desde el principio del Tour o alcanzar el pico de forma para la montaña. “Esa filosofía no va conmigo”, dice Horner. “Es muy difícil que salga bien. Hay que estar al 100 % desde el minuto uno”. Sean Yates, por su parte, comenta: “Hay quienes dicen que hay que estar al máximo para la tercera semana, pero eso es muy difícil de trabajar psíquicamente, eso requiere un enorme esfuerzo psicológico. El cuerpo es una máquina que responde hasta cierto punto. Después, ¡es la cabeza la que manda!”.
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El “village” del Tour, rediseñado para la edición 2010 y donde todas las mañanas se dan cita los protagonistas y los comentaristas de la carrera, multiplica las referencias a los campeones que han dejado huella en la prueba.
Constituye un lugar ideal para sentarse tranquilamente, leer el periódico con un café, dejarse tentar por una cata de productos regionales o perderse en los debates apasionados sobre lo que puede ocurrir en la próxima etapa. Durante el Tour de Francia, para muchos la jornada empieza en el “village”, lugar de encuentro donde se codean seguidores, corredores e invitados de la ciudad anfitriona. Desde hace más de veinte años, se perfila como mucho más que un espacio: es una auténtica institución. Ha ido forjando y perpetuando sus propios rituales, intrínsecamente ligados al ambiente del Tour. Para la presente edición, se ha rediseñado la decoración y la disposición, intentando aunar el deseo de conservar los puntos de referencia para los asiduos y la necesidad de repensar su configuración.
Los amantes del mundo del Tour se reconocen en su leyenda. Ese es el principio que se ha tomado como punto de partida para crear la avenida de los héroes. Ahora, la entrada al “village” se realiza a través de un prestigioso camino donde se rinde homenaje a los corredores que han escrito las páginas más épicas de la historia del Tour de Francia. Invita a quitarse el sombrero y reverenciar a los más grandes: Bobet, Hinault, Coppi, Merckx o Indurain. Además, durante el paseo, el visitante tendrá ocasión de reencontrarse con los ilustres vencedores de la ronda gala, cuyos nombres figuran en la alfombra. En el “village” hay también referencias dispersas que rinden un bien merecido tributo a sus contrincantes, así como a protagonistas algo menos afortunados o incluso desprovistos de honores, pero que han conseguido hacerse un pequeño hueco. Dos tótems recordarán o permitirán descubrir unas cuantas anécdotas provenientes del corazón de los pelotones del Tour.
La leyenda, forjada por los campeones, debe también mucho a su marco. Los puentes entre las diferentes generaciones se cimientan sobre el lenguaje de las carreteras que aúna a corredores de ayer y de hoy. La subida hacia el Alpe d’Huez, la ascensión del Tourmalet o la cima del Mont Ventoux se han convertido con los años en escenas compuestas por un espectáculo y una proeza que ha quedado grabada en la memoria colectiva. También estos lugares, evocadores de grandes emociones, son protagonistas en la pantalla gigante del “village”, en la que se mostrará un gran abanico de imágenes del Tour desde 1903. Nombres evocadores como el Izoard o el Galibier, se conjugan igualmente con la nueva gama de colores, que llamará la atención de los más perspicaces, en las barreras y estructuras empleadas para montar el “village”.
El negro y el amarillo dominantes en el entorno del Tour estarán bien presentes en el podio, que se erige en el centro del “village”, cual templete listo para las fiestas en las plazas principales del país. En torno a esa tribuna pública, la población local podrá entretenerse con el mercado, los zancudos paseando o el llamado fresco del día, un “graffiti” creado por un artista de la región. A continuación, llegará el momento de volver a la acción principal. Cuando las puertas se cierran, la leyenda continua.
Alberto Contador (ESP)© Presse Sports
Con 26 años, Alberto Contador es el segundo corredor español en haber ganado el Tour de Francia, más de una vez. Aunque aún está lejos de Miguel Indurain, cinco veces vencedor, y quien a la misma edad, es necesario precisarlo, no había obtenido su primer triunfo.
El recorrido de los campeones del Tour de Francia está lleno de horas de gloria, así como de fuertes heridas, y momentos vacíos. En esta clasificación de los grandes golpeados por la vida y vueltos a encontrarse aún más fuertes, Alberto Contador está en los primeros de la lista. Antes de ser la nueva perla del ciclismo español, el de Pinto tuvo un momento duro en su carrera: se trata de la fuerte caída en el Tour de Asturias, el 12 de mayo del 2004. Si ese día, no hubiera estado a su lado un médico de la carrera que supo hacer lo que tocaba en el instante preciso, el destino de Contador habría acabado definitivamente allí mismo. Afectado por una fuerte herida en el cerebro, el madrileño enfrenta una delicada operación y, después, un período de recuperación muy duro y, sobre todo, de mucha angustia. Al salir de ello, entra a formar parte del equipo Liberty Seguros; a partir de ahí, reencuentra el camino del pelotón y, por consiguiente, el de la victoria, en el Tour Down Under del 2005. Ese mismo año, él descubre el Tour de Francia como co-equipero de Roberto Heras, a quien paradójicamente, le saca una fuerte ventaja en la clasificación general (puesto 31 y puesto 45). Y esto es sólo el comienzo.
Retirado de la lista del Tour 2006, al igual que todos los otros corredores de Liberty Seguros, Contador vuelve a estar en la Grande Boucle, el año siguiente. Ese año, el 2007, su prestigio empieza a acompañarlo, especialmente, después de su paso por el París-Niza, donde logra imponerse. Yen el Tour, es el único en hacerle frente a Michael Rasmussen, y después de la evicción del danés, logra apoderarse del famoso Maillot Jaune, En la contrarreloj disputada entre Cognac y Angoulême, el «Conquistador» se iza sobre el podio más cerrado de la historia, con tres corredores, todos con un tiempo de 31’’.
Ya en el 2009, no es el mismo joven escalador lleno de talento que se presenta en el Tour, sino todo un campeón que entra por la gran puerta del Hall of Fame del ciclismo, gracias a sus victorias en el Giro y en la Vuelta del 2008. Sin embargo, su estatuto de líder indiscutible no logra abrirle un espacio dentro del equipo Astana, así que no se salva de la competencia que se da al interior del grupo, especialmente con Lance Armstrong, quien le desafía sobre todos los frentes (medios de comunicación, directores del equipo); ni tampoco se salva del hambre de los hermanos Schleck, que deciden sobrepasarse de su simple rol de outsiders. Con la calma y la reserva que lo caracterizan, Contador decide concentrarse en los esfuerzos que debe hacer en el terreno. Al punto que su enorme actuación en la etapa de Verbier cierra todo debate. A partir de ahora, sólo un error personal puede poner en duda su estatuto de “jefe de la carrera”. Y puede estar seguro que ¡sus rivales lo están esperando!
A. Contador - L. Armstrong - A. Schleck© Presse sports
Mark CAVENDISH - Thor HUSHOVD© Presse sports
Franco PELLIZOTTI (ITA)© Presse sports
Primero en la pelea con Armstrong, y después contra Andy Schleck, Alberto Contador logró sacar adelante su objetivo a lo largo de los días. Pasando casi en vuelo por la montaña, el español también supo imponerse en la contrarreloj, logrando así afirmarse como el corredor más completo del momento. La camiseta verde fue ganada por Thor Hushovd, y la camiseta de la montaña por Franco Pellizotti.
Contador, poco a poco
Una victoria en el Tour de Francia se va haciendo a lo largo del recorrido. Desde el primer día, los pretendientes son numerosos, especialmente al interior del equipo Astana, que tiene dos antiguos vencederos: Alberto Contador y Lance Armstrong. En la contrarreloj de Mónaco, el español deja ver un poco de sus logros en el terreno solitario, al sobrepasar a sus principales rivales. Pero en el camino hacia la Gran Motte, los de Columbia organizan una acción de la cual sólo logra escaparse Armstrong, gracias a su experiencia y su sentido táctico; Contador, al contrario, cae en la trampa (pierde 41”).
Si bien los Pirineos no dan un veredicto final sobre la confrontación que se libra entre Contador, Armstrong y los hermanos Schleck, la aceleración hecha por el vencedor del 2007, en la subida de Arcalis, sirve de indicador sobre sus capacidades por marcar grandes diferencias en las rampas más duras. Así, días más tarde, al escalar la etapa de Verbier, el de Pinto confirma su holgura y superioridad en la montaña. Con su segunda victoria de etapa, en este Tour, y después de ganar el Maillot Jaune, da un golpe duro a los otros competidores. A partir de ese momento, la principal preocupación del “Matador” es la de controlar los diferentes ataques del vibrante Andy Schleck, sin poner en peligro el puesto sobre el podio de Lance Armstrong, quien se ve especialmente amenazado por el sorprendente Bradley Wiggins. La demostración de Contador en la contrarreloj de Annecy, donde se da el lujo de aventajar a Cancellara por tres segundos, y además, su sangre fría frente a Andy Schleck, en el Mont Ventoux, logran finir el trabajo que se había preparado.
Hushovd - Cavendish, duelo de fuertes
La etiqueta del sprinter más rápido del pelotón se le pega a la espalda de Mark Cavendish, quien logra justificar rápidamente las esperanzas puestas en él por su equipo. Después de ganar las dos primeras etapas en línea, el británico se ubica como un fuerte candidato en vestir la camiseta verde, la cual logra llevar durante seis días. Sin embargo, Thor Hushovd, siempre presente y con el interés de coger todas las oportunidades que le permitan ganar puntos, sale a la superficie y, a pesar de sus dificultades, logra imponerse en lo que se convierte en un verdadero duelo.
El noruego, consciente de tener mejores capacidades que el promedio de los sprinters de montaña, intenta un golpe maestro y se lanza en una escapada alpestre, durante la etapa del Grand-Bornand. En el camino, logra apropiarse de 12 valiosos puntos en los sprints intermedios del día, con la intuición que le serán útiles a la hora de hacer cuentas. Y lo logra, porque, desde entonces, Cavendish, como un animal herido, persigue su proa hasta París. Finalmente, él termina con seis victorias en el Tour 2009; mucho mejor que Freddy Maertens, quien había llegado a cinco victorias de etapa en línea, en las ediciones de 1976 y 1981. Pero su éxito no es lo suficientemente fuerte para quitarle a Hushovd la camiseta verde, ganada, precisamente, con 10 puntos de ventaja.
Pellizotti, pepa tras pepa
Durante ocho etapas, cinco corredores diferentes ya han logrado vestirse con la camiseta de pepas rojas. Todos ellos sin hacerle daño a Alberto Contador, preocupado por otros objetivos, ni tampoco a Jussi Veikkanen (FDJ), ni a Stéphane Augé (COF), ni Brice Feillu (AGR) ni tampoco a Christophe Kern (COF). Hasta este día, la clasificación de la montaña esperaba ver un puro escalador. Y es así que entre dos especialistas se da un verdadero mano a mano. En primer lugar, Egoi Martinez logra aventajar a Franco Pellizotti. Pero en las etapas de Saint-Fargeau; después, Vittel, y de Colmar, el español tiene problemas para frenar los diferentes ataques de Pellizotti, especialmente en las cimas. Martínez sigue en la lucha de la mejor manera posible, probando ser un valiente competidor. Sus esfuerzos no son lo suficientemente fuertes para frenar el gran proyecto de Pellizotti: convertirse en el primer vencedor italiano de la camiseta de montaña, después de Claudio Chiapucci (1991, 1992).