
Ese fue el grito que dimos el día en que se dio el pistoletazo de salida en Bretaña del Tour de Francia 2008. Un grito que salió del corazón y que, como se ha podido ver, no era un simple mensaje en una botella lanzada al mar. Desde Brest hasta los Champs-Élysées, durante los 3500 kilómetros de esta 95ª edición, el Tour, casi centenario, ha demostrado una vez más que es un monumento tanto para el deporte como para el patrimonio de Francia.
Una cita indispensable en el mes de julio.
Desde los primeros pedaleos en Bretaña, el Tour ha acumulado altos y bajos, emoción y suspense. Durante tres semanas, siete corredores diferentes llevaron el Maillot amarillo, a veces con sólo un segundo de diferencia. Un maillot codiciado por seis ambiciosos ciclistas que se seguían a menos de cincuenta segundos antes de que los Alpes dieran su veredicto, cinco días antes de París. Y ese pulso que se echaron Carlos Sastre y Cadel Evans durante todo el recorrido y la víspera de la llegada a la meta final.
Durante tres semanas, perseguidores, espectadores y telespectadores estuvieron en vilo. Primero por culpa de los corredores, la mayoría de los cuales actuó honradamente. En los altos, los hombres llegaban exhaustos, al límite, volviendo a hacer brillar la noción de fuerza y coraje. El Tour, organizado por la Fédération Française de Cyclisme, ha sido el Tour de la esperanza y el destacado trabajo de la AFLD (Agence française de lutte contre le dopage) seguro que algo tiene que ver en ello…
Segundo, porque ha sido una carrera con final incierto, los franceses, sin complejos, animadores incansables, pudieron cacarear a gusto: tres victorias de etapa, el Maillot amarillo sobre las espaldas de Romain Feillu, el título de Super Combativo para Sylvain Chavanel, la constancia de Sandy Casar y la revelación de Amaël Moinard. Unos resultados nada malos, aunque siempre a la espera de que, a falta de un sucesor de Bernard Hinault, haya un corredor capaz de subir a lo más alto en el podio de París.
Y tercero porque este Tour ha pasado por muchos caminos y carreteras, llenos siempre de aficionados y animadores incansables. Un inmenso fervor popular. La magia del Tour sigue funcionando. Prueba de ello: antes incluso de que terminara la edición 2008, miles de preguntas surgían ya en torno al Tour 2009 y a su recorrido en su paso por el Principado de Mónaco, desde donde se dará la próxima salida.
Una vez más, el Tour ahora y siempre.
Porque no puede ser de otra manera.
Christian PRUDHOMME
Director del Tour de Francia