
Montpellier
182.5 km
Jueves 19 julio
Septèmes-les-Vallons, localidad limítrofe de Marsella, es famosa sobre todo por uno de sus más célebres hijos, Zinedine Zidane, que jugó en el club de fútbol local, el SO Septèmes, a las órdenes de Robert Centenero, antes de ser descubierto por los ojeadores regionales y de integrarse en el centro de formación de Cannes.
Por la Fare, hay que entender que el pueblo sirvió durante mucho tiempo de puesto de observación desde el “castellas” para prevenir las invasiones bárbaras y sarracenas. Por “los olivos”, hay que entender que es, en efecto, el cultivo de ese fruto el que le da su fortuna y su principal industria. La fiesta del olivo y del vino tiene lugar todos los años el segundo fin de semana de octubre y en ella se encuentra, sin falta, a uno de los más famosos ciudadanos de La Fare, el actor Philippe Caubère, que ha dado su nombre a una de las cosechas del óptimo vino con DO producido en el pueblo.
“Cuánta agua, cuánta agua”, habría podido decir el marqués de Sade, originario de una rama de la más célebre familia del pueblo. Eyguières, que significa manantiales, se presenta, en efecto, como la villa que cuenta con más manantiales y fuentes de la Provenza. Aun hoy día pueden admirarse decenas, como la fuente Coquille (nombre que recibe la viera en francés), que recuerda que Eyguières figuraba en la ruta de Santiago de Compostela, la pintoresca fuente Cocotte, que tomaría su nombre del gallo republicano que se instaló sobre ella, o la fuente de Gilouse, dedicada a un hada que protegía a los enamorados.
El pueblo, arracimado en torno a uno de los más bellos castillos del siglo XII, tiene también el punto culminante de las Alpillas, en Provenza, que es la Tour des Opies, de 498 metros de altura.
Estamos en el reino de la aceituna y del olivo. Con 80.000 matas de olivo plantadas en su suelo, Mouries es la primera villa oleícola del sur de Francia. La almazara cooperativa, que data de 1626 y se visita, ha recibido tres medallas de oro en 2006.
Para los aficionados a la botánica, recordaremos que un olivo puede producir de 5 a 30 kilos de aceitunas al año. La producción es bianual, pues el árbol no produce abundancia de frutos más que una vez cada dos años. El aceite se halla en minúsculas bolsas en el corazón de las células de la aceituna y se obtiene en tres fases: molturación, prensado y decantación. El aceite de oliva virgen es un producto que facilita la digestión y lucha contra el colesterol malo. Así que se aconseja al corresponsal…
Como su vecina Mouries, Maussane-les-Alpilles es una plaza fuerte de la aceituna con 37.000 plantas y dos almazaras, la Mas des Barres y el Moulin Jean-Marie Cornille. Con una producción de 390.000 litros al año, Maussane es el primer productor de aceite con DO de Francia. Las aceitunas partidas y la miel son otros productos escogidos del pueblo de las Alpillas, situado en la antigua vía Aurelia.
El año 2007 marcará el centenario del nacimiento de René Char, uno de los grandes poetas provenzales del siglo XX. No podíamos dejar de señalar aquí su poema “Seigneurs de Maussane”, publicado en 1950 en la colección Les Matinaux.
El Macizo de las Alpillas es la prolongación de los Alpes y del Luberon. Cadena calcárea que se sitúa entre Arles, Avignon y Salon de Provence. Les Alpilles se extienden a lo largo de unos 40 kilómetros entre Ródano y Durance, dominando la Crau y las llanuras de la desembocadura del Ródano. Territorio frágil cuyos habitantes exigen la declaración de parque natural, el macizo acoge a 960 especies vegetales, 90 especies de aves, 19 especies de murciélagos y varios centenares de especies de insectos
Fontvieille está abrumado por la presencia del molino más famoso del mundo, en el que Alphonse Daudet escribió las Cartas de mi molino. El molino acoge ahora un museo Daudet y sirve de punto de partida para varios recorridos temáticos en torno a la obra del más célebre residente del pueblo.
Pero Fontvieille fue también el refugio de Yvan Audouard, novelista de género fantástico y periodista cáustico del Canard Enchaîné, gran amante del Tour, y que abandonó a sus numerosos amigos en 2004. Citemos aquí su frase más célebre sobre nuestra prueba: “Durante el Tour, si los músculos se fatigan, la lengua se renueva”. Y también ésta, que, medio siglo más tarde, no ha perdido su actualidad: “Un periodista que no fatigaba a sus neuronas, telegrafiaba a su periódico por la tarde de una etapa que había sido muy monótona: ‘Nada que señalar’. No le despidieron por poco, pues precisamente cuando no ocurre nada, es cuando los corresponsales tienen que echar mano de su mejor repertorio de metáforas.”
Citemos algunos de los nativos más famosos de Arles para tratar de hacer un recorrido por las numerosas vocaciones de la ciudad más grande de Francia por su superficie y una de las ciudades más importantes de la Provenza, tanto por su pasado político y religioso como por su actualidad cultural: el Emperador Constantino II, el fotógrafo Luciano Clergue, el modisto Christian Lacroix y la centenaria Jeanne Calment. Para dar una medida más colmada, añadamos a Frédéric Mistral, nacido en Millane, muy cerca de allí, y a Vincent Van Gogh, que nació allí a la pintura, y el cuadro será completo.
Constantino II y, luego, su hijo Constantino III, que hizo de Arles su capital, encarnan el pasado romano de la villa. Al contrario que Marsella, Arles logró conservar hasta nuestros días numerosos vestigios de su esplendor romano como su teatro antiguo, sus arenas romanas o las termas de Constantino.
Aunque Mistral estudió humanidades en Avignon y, luego, en Aix y pasó el fin de su vida en su pueblo de Maillane, fundó en Arles el museo Arlaten, museo etnográfico sobre la cultura provenzal que financió gracias al premio Nobel de literatura recibido en 1904. La vocación literaria de la ciudad se reafirmó aun más a lo largo de los últimos veinte años con la creación y la implantación de Actes Sud, una de las editoriales más innovadoras de Francia y una de las primeras en tener éxito en la región.
Otro hijo del país, Christian Lacroix, es, por su parte, el símbolo del amor de la ciudad por la moda, los colores, los atuendos vistosos y las telas provenzales que han logrado igualmente fama local.
Esos colores y esa luz fueron seguramente los materiales que utilizó Van Gogh en ocasión de su estancia en la famosa ”casa amarilla” de Arles, donde vivió esencialmente entre febrero de 1888 y mayo de 1889.
Por otra parte, Lacroix nació bajo el signo del toro, lo que no puede ser casual en el bastión de la tauromaquia que ha dado a esta arte algunos de sus grandes nombres.
Los aficionados al fútbol no nos perdonarían que olvidáramos a Djibril Cissé y Gaël Givet, ambos nacidos en Arles.
Si la región Languedoc-Roussillon, bañada al sur por el Mediterráneo y por grandes lagunas, montañosa en el Norte y rural en el resto, tiene una gran diversidad geográfica, se beneficia de una homogeneidad climática que constituye su fuerza. Su clima mediterráneo y soleado ha constituido durante siglos la riqueza de su agricultura y atrae ahora a los turistas y a nuevos residentes, que han causado una explosión demográfica regional en medio siglo. Montpellier y el departamento de Hérault son los más afectados, pero es el conjunto de la región -a excepción del departamento de Lozère- el que experimenta el crecimiento demográfico más fuerte de Francia. Así el Languedoc-Roussillon podría contar con 3.100.000 habitantes en 2030, o sea, un aumento del 34% con respecto a 2000.
Enclavado entre los departamentos Bouches-du-Rhône y Hérault, Gard es un departamento mediterráneo, aunque, contrariamente a sus dos vecinos, no dispone más que de una fachada marítima reducida con 23 km de costa. Sin embargo, eso ha bastado para hacer de Port-Camargue el primer puerto deportivo de Europa. Nîmes, su capital, ha conservado su sabor antiguo y sigue siendo uno de los feudos de la tauromaquia en Francia, cuyo ruedo es uno de sus templos. El turismo, con sus lugares históricos, como el Puente del Gard o la bella villa de Uzès, es una de las mejores cartas de un departamento con una agricultura competitiva -vino, fruta, aceituna- y con una industria diversificada y moderna.
Centros administrativos de distrito: Alès, Le Vigan.
Saint-Gilles, que debe su nombre al célebre abad cuya tumba alberga su abadía del siglo XI, declarada por la UNESCO patrimonio de la humanidad, fue uno de los principales lugares de peregrinación de la cristiandad. De la iglesia construida a partir del siglo XI y destruida parcialmente por los protestantes durante las guerras de religión, no queda más que la cripta y la fachada adornada con esculturas que dan al edificio un encanto muy especial.
Para los candidatos al abandono, en Saint-Gilles es donde queda el aeropuerto de Nîmes.
Balneario con las playas de Palavas-les-Flots, de la Grande-Motte, de Carnon o del Cabo de Agde, el departamento tiene también una larga tradición de pesca y de explotación marítima con las albuferas de Thau o de Mauguio. Más al norte, los lagos de Salagou o de la Raviège permiten numerosas actividades náuticas. Por encima de las vastas llanuras donde se concentra la población en las ciudades de Montpellier, Béziers o Sète, el monte Aigoual (1.547 m), el monte Saint-Clair, o el Pic Saint-Loup anuncian las Cévennes. Agricultura - vinos de Pic Saint-Loup, Saint-Chinian, Faugères, Côteaux du Languedoc, Minervois, moscateles - y turismo se conjugan bien con las industrias y con una tecnología punta que hacen de Montpellier una de las ciudades francesas cuya población progresa más rápidamente.
Centros administrativos de distrito: Béziers, Lodève.
Circula una bonita leyenda sobre los habitantes de Lunel, a los que se denominó “pescadores de la luna” porque pescaban en los marjales anguilas en las noches oscuras en las que proliferan esos animales. Los viajeros dedujeron que “pescaban a la luna” en sus redes.
Lunel es la patria del cineasta Louis Feuillade (Fantomas), del pintor Jean Hugo y del filántropo Louis Médard, que legó al municipio más de 5.000 obras raras.
Pasando por Mauguio, los corredores españoles del pelotón se sentirán un poco como en casa pues la colonia española de la villa es muy fuerte. Atraídos por la viticultura desde finales del siglo XIX, los españoles de Mauguio han creado un auténtico enclave ibérico en el Languedoc.
Pero la mota que domina este suburbio de Montpellier recuerda una historia antigua y prestigiosa. Antes de la fundación de Montpellier, la villa era la capital regional y el feudo de los señores locales, los condes de Melgueil, que establecieron allí su fuerte. Esa poderosa familia, heredera de los condes de Maguelone, que reinó en la región acuñando moneda, es la que donó a los Guilhem las tierras que se convertirían en Montpellier.
Sol, playa, grandes espacios y tradición universitaria: todo ha contribuido para hacer de Montpellier un polo de atracción, y es la ciudad francesa que ha conocido la expansión más espectacular en los últimos cincuenta años, pues su población, de 100.000 habitantes en 1944, se ha más que duplicado para alcanzar los 244.000 habitantes en 2005.
El aflujo de los pies negros después de la Guerra de Argelia, la inmigración española y, luego, del Magreb, el desplazamiento de la población de Francia hacia el sur, pero, sobre todo, el aflujo permanente de los estudiantes a la más vieja ciudad universitaria de Europa - entre 60.000 et 70.000 estudian en ella cada año - , ha transformado profundamente a la capital de Languedoc-Roussillon.
Situada idealmente entre España e Italia, al borde del mar, cerca de la vía Domitia, Montpellier ya experimentó una rápida expansión en la Edad Media. Su iglesia Notre-Dame des Tables es un alto obligatorio para los peregrinos que se dirigen a Compostela y, en la ciudad, dándole su vocación médica, se instalan hospitales y organizaciones caritativas que se ocupan de ayudar a los peregrinos.
Las epidemias se abaten sobre la ciudad en el siglo XIV acabando con la mitad de la población que, desesperada, hace un inmenso cirio de 3.888 m - el perímetro del recinto fortificado- delante de la iglesia de Notre Dame. A medida que se consume, vuelve la paz.
Feudo del protestantismo, la ciudad se ve afectada duramente por las guerras de religión que destruyen todos los lugares de culto con excepción de la catedral de San Pedro que, sin embargo, queda muy dañada. En 1622, tras un largo asedio, Luis XIII devuelve a la ciudad al seno católico. Este siglo XVII es el de los grandes trabajos: en esa época es cuando, en una ciudad pacificada, se construye la Comédie que se convierte en el centro neurálgico de la ciudad.
Su vocación universitaria ha hecho, sin duda, de Montpellier una ciudad de la cultura. Es la ciudad natal de algunas figuras de la literatura, como Auguste Comte, padre de la sociología, Léo Malet, creador de Nestor Burma y precursor de la novela negra francesa, o del poeta Francis Ponge, aunque no vivieron allí mucho tiempo. Rabelais vivió en ella vorazmente, igual que Nostradamus que realizó allí los estudios de medicina.
Paul Valéry, vecino, pues nació en Sète, habitó en ella mucho tiempo, como André Gide, o el escritor occitano Max Rouquette, que nació muy cerca de allí, en Argelliers.
También es la ciudad donde reside el creador de dibujos animados Lewis Trondheim.
Montpellier puede enorgullecerse del logro poco común de haber contado con un equipo de gran categoría tanto en fútbol como en rugby, voleibol, baloncesto femenino y hockey sobre hielo. Es pues una ciudad deportiva sobre la que planea la figura imponente de Louis Nicollin, presidente pintoresco de sus clubs de fútbol y de rugby.
Montpellier ha acogido al Tour en 27 ediciones y, sobre todo, país llano obliga, ha hecho felices a los sprinters. Se hallan sin sorpresa en la meta los nombres de Charles Pélissier, André Leducq, Georges Specucher, André Darrigade y, más cercanos a nosotros, Barry Hoban, Olaf Ludwig o Robbie McEwen, último vencedor en 2005.
Montpellier fue ciertamente la sede del Grand Prix du Midi Libre, desaparecido desafortunadamente en 2003. Los más grandes han inscrito su nombre en el palmarés de la prueba, como Eddy Mercks, Luis Ocaña, Miguel Indurain o Laurent Jalabert. El récord de victorias lo tiene Jean-René Bernaudeau que acaparó la prueba de 1980 a 1983.
No se podría hablar de Montpellier y de ciclismo sin evocar la memoria de Claude Sudres, antiguo corredor y director deportivo, que fue además un inimitable jefe de prensa del Tour.